Hola
Jorge II:
"Diez tecnologías que se resisten a desaparecer" 
No le digas a
D. Ariel Torres, que le he robado este apartado, de su bonito artículo, esta de
"put" a "mother":
El interruptor de la luz (1884) Algo semejante ocurre con las llaves de la luz. ¿Cómo es que todavía no han sido reemplazadas en masa por sensores que perciben si estamos ahí, reconocen quiénes somos y de qué humor estamos, para determinar la cantidad de iluminación adecuada?
Simple: porque eso no serviría para nada. No somos geranios. Nuestra relación con la luz es mucho más complicada de lo que las computadoras pueden todavía evaluar. Tanto que un interruptor en nuestras manos puede hacer un mejor trabajo que todos los sensores del mundo. Basta imaginar el fracaso que sería una fiesta sorpresa si ya hubiéramos abandonado las obedientes llaves de luz. Además, se basan en un principio tan simple que alcanza con que estén más o menos bien fabricadas para durar décadas. Son, quizás en este caso amerita señalarlo, mucho más económicas.
Curioso como pueda sonar, no necesitan energía eléctrica para funcionar, son completamente mecánicas. Claro, ¿para qué podría uno querer encender una luz con un interruptor inteligente si se ha cortado la energía? Ese no es el punto. ¿Qué ocurre si la energía no llega al interruptor? ¿Qué ocurre si sufre una falla eléctrica?
Por supuesto, la domótica considera soluciones mixtas para poder tener lo mejor de los dos mundos, pero en la inmensa mayoría de los hogares y las oficinas seguimos usando interruptores convencionales. Estoy seguro de que me resultaría muy entretenido ponerme a programar la inteligencia de las luces de mi casa (amo la domótica), pero dado que la pila de libros que quiero leer sigue creciendo y mi tiempo es cada vez más escaso, mejor estiro el brazo, enciendo el velador que está junto a mi sofá y vuelvo a la página donde dejé anoche.
Interruptoricosicos saludos
Antonio