Julio 11, 2009, 17:50:42 pm por
rafapadi | Vistas: 5175 | Comentarios: 11
Muy buenas tardes a todos...
En este post no comentaré nada acerca del siliconas para limpiar y lubricar reglas de cálculo (mentira: diré que Faber-Castell, en sus manuales, al final, recomienda mucho su uso, ya se sabe...).
En este post, desearía hacer una pequeña reflexión de índole epistemológico sobre lo infinito y lo muy concreto, que incide directamente sobre el mundo totalmente analógico de la regla de cálculo, de la cadena del agrimensor, de la cuerda y el tendel, en suma, métodos estos dos últimos de trabajo y medición ampliamente usados en la actualidad y que tienen la capacidad de sortear el problema de la irracionalidad y la trascendencia matemáticas: Al que maneja la cuerda o el metro o la cadena, le da igual la imposibilidad de determinar pi o e o la razón de la serie de Fibonacci con exacitud. Pero igual del todo... Tanto es así que muchas veces, todo error de determinación se queda en el seno del diámetro de la propia cuerda de medir, pero como en los todos dados todas las determinaciones se hacen de la misma manera, los errores no cobran significancia real.
Antes de seguir, quisiera sólo recordar que "epistemología" es la ciencia del por qué de la ciencia. Esto es, la que estudia las bases del conocimiento científico.
¿Cómo se conjugan lo infinitamente grande con lo absolutamente concreto, limitado y de dimensiones fijas y conocidas en el mismo espacio?.
Pondré un ejemplo el cual creo que me permitirá explicarme mejor: Tomemos una regla de trazar rectas sin marcar de unas dimensiones conocidas x, y, z. Trabajaremos en su longitud sólamente, pero recordaremos que a fines prácticos existen las otras dos dimensiones más (¡el ancho y el alto, claro!). Mantengámosla en nuestra mano mientras hablamos por un instante del código ASCII. Digo este por usar uno cualquiera conocido, pero igual hubiera servido cualquier otro. El código ASCII es el que usan los ordenadores para codificar numéricamente los caracteres gráficos, alfabéticos, y numéricos. Así, por ejemplo, la "A" en ASCII en decimal es es el valor 65, la "B" el 66, etc. Y así se pueden representar todos los elementos necesarios para la escritura. Y para realizar gráficos, también... (sólo recordar los dibujos -e incluso películas- en que existen en ASCII como ejemplo).
Ahora, a la regla o palo que tenemos asida, hagámosle una marca de modo tal que la dividamos en dos mitades, cuyas longitudes al dividirlas entre sí generen un cociente de infinitos números decimales, los cuales compongan una cadena de números ASCII tales que al descifrarlos, realmente sean la enciclopedia universal absoluta de todo... pues bien, si se quieren poner dificultades técnicas, recordaré que podemos trabajar en las tres dimensiones de la regla y que la marca se ubica en tres coordenadas, cuyos valores pueden utilizarse para operar con ellos, pero a fines ejemplificadores. El asunto es, claro, prácticamente irrealizabl muy difícil de llevar a la práctica, pero en esencia, delante de nuestros ojos, ahí está esa regla, divisible, haciéndonos saber que en alguna parte puede ser marcada, no para hacer conjuros, sino para registrar, registrar conocimiento mediante una operación matemática. Y están las dos cosas ahí: el infinito y lo absolutamente concreto.
Este es un problema teórico que quisiera traer ante sus ojos porque la regla de cálculo es lo mismo, pero con más divisiones.. ¿Tienen acaso límite las operaciones matemáticas que pueden hacerse?. Todas las matemáticas (si, ya sé: de determinada precisión) están ahí, todos los cálculos, en doce centímetros y medio, en veinticinco... Las grandes obras de ingenieria que se han realizado, de arquitectura, de creación, por medio de la regla de cálculo son una prueba de ello.
Lo que me ha traído a la cabeza esta entelequia del almacenamiento universal en un espacio limitado y concreto es el ponerme a trabajar, a aprender con la regla... el ver como se realizan operaciones con cuatro decimales y sobre todo, el ver a PI ahí mismo, delante de mis narices, con todos sus infinitos decimales, marcado cada dos por tres, no una sino varias veces en el cuerpo de la regla. No sólo a PI, sino al número e y a algún que otro trascendente más, toda su irracionalidad perdida y diluída...en el propio trazo que marcaba su ubicación. Ciertamente,fuera de ese trazo, no hay PI... Y hay operaciones y determinaciones inalcanzables muchas veces para el cómputo puro y que se resuelven de forma muy simple con un clavo y un cordel.
Estas cosas constituyen el gato de Schröedinger del cálculo y al igual que en el cosmos entero, el principio de incertidumbre cobra fuerza total al utilizar una regla de cálculo: No sabemos lo que vale ¿con exactitud?, pero sabemos dónde está PI y donde no está.
Ese pequeño universo limitado a los centímetros de una regla es algo que las calculadoras, con sus 12, 20 decimales, no van a poder contener jamás.
¿Qué opinan ustedes?
Infinitos saludos, Rafael Padilla.